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Desde Bookslut (EEUU), una de las mejores reseñas sobre un nuestro libropor Jacob Silverman, 4 de Octubre de 2009Difícil es que una novela sobre los indios americanos durante el período de la Guerra de Independencia sea más que una narración elegíaca. Naturalmente, un libro de este tipo puede ser muchas otras cosas, pero el período de referencia era uno particularmente difícil para los indios americanos. Las Seis Naciones de la Confederación iroquesa -la confederación india dominante en las colonias- estaban divididas entre los colonizadores rebeldes y sus antiguos aliados británicos. La guerra desbarató la confederación, echando por tierra una alianza que había mantenido la paz durante cientos de años. Pero la Guerra de Independencia también fue trágica para los iroqueses porque era una guerra que no habían buscado; les exigió que tomaran partido; y ello destruyó de forma definitiva una relativamente idílica comunidad mixta de nativos y pobladores blancos que vivieron en el valle del Mohawk en Nueva York, al este del lago Ontario. La novela Manituana lleva puesto orgullosamente el manto de la elegía, y al mismo tiempo presenta un drama de aventuras emocionante de pueblos enfrentados combatiendo por su tierra natal. Es una novela magníficamente elaborada, cuya historia tiene lugar entre 1775 y 1783 y está narrada en cortos y finamente troceados capítulos que requieren adjetivos como ‘cinematográficos’ o ‘panorámicos’. No obstante la narrativa ocasionalmente se desliza en melodrama y tiene una tendencia a proyectar a sus protagonistas indios americanos como nobles salvajes místicos y espiritualistas, aun cuando intenta refutar ese trillado arquetipo, este es un libro muy bueno que desafia las románticas nociones populares sobre el nacimiento de América. Cava profundamente en un período complicado de historia, volviendo a la superficie con un fascinante tesoro de detalles culturales y anécdotas históricas. Manituana retrata las figuras prominentes de la época con una vitalidad auténtica e impresionante, como Joseph y Mary Brant, probablemente los dos indios más famosos en su tiempo y fraternales líderes de la Confederación iroquesa. También hay breves actuaciones de varias otras figuras, menores y mayores, incluyendo al famoso actor inglés David Garrick, el rey Jorge III, el general Ethan Allen, Samuel Kirkland, el general William Howe, y hasta incluso los mohocks, una violenta pandilla de admiradores de los mohawks que aterrorizaron a Londres y fue transformada en sensación por la prensa. Ninguna de estas personas es extraña; cada uno suma en el propósito de la novela de que la historia se mueve por una amplia e interconectada trama, animada por actores que a veces no se dan cuenta de sus papeles. Expertamente investigada, consciente de su erudición sin ser presuntuosa o pedagógica, Manituana gira alrededor de Joseph Brant, que se eleva desde su posición de traductor en el Departamento Indio británico para convertirse en un jefe y líder guerrero de la Confederación. Conocido también con el nombre de Thayendanega, Brant es ayudado por su hermana Molly, adivina de sueños y viuda de sir William Johnson, un legendario superintendente de Asuntos Indios que inspiró un período de estrecha cooperación (y eventuales matrimonios) entre indios y pobladores europeos de sus extensas propiedades en Nueva York. También aparece Philip Lacroix Ronaterihonte, un hombre espectral, nacido indio, criado francés, más tarde regresado a sus raíces, cuya trágica historia familiar y habilidades únicas como guerrero le ganaron el apodo de Le Grande Diable. Resumir los numerosos otros personajes que aparecen en este libro, tanto históricos como inventados, sería demasiado largo, pero la totalidad de ellos -y la impresionantemente lúcida representación de cada uno- es la evidencia del pasmoso talento de estos escritores. Sí, escritores: Manituana es una obra de Wu Ming, una banda vanguardista de cuatro (anteriormente cinco) escritores italianos que han trabajado conjuntamente en muchas obras. Esta es su tercera novela traducida al inglés; su traductor de siempre Shaun Whiteside capta hábilmente las variaciones de vocabulario y sintaxis de la novela, que cambian a menudo según la narrativa desplaza su foco a lo largo de los personajes y las regiones. Las obras de Wu Ming son modelos del autodescrito New Italian Epic, una porción de la literatura que comenzó a principios de los años noventa, que combinan formas de narrativa innovadoras, la renuncia al distanciamiento irónico, un compromiso crítico con la historia y una perspectiva pop que producen complejas y entretenidas obras de ficción. Su estética está caracterizada por agudezas sardónicas y lirismo, perfectamente expresadas en Manituana por multisensoriales descripciones de la naturaleza que lindan con lo animista. Pero Wu Ming es muy diverso en sus talentos. Observad este pasaje en el cual Philip recorre una Londres no muy conocida: De pronto percibió una presencia debajo de sí, se sobresaltó. Un ser monstruoso tocaba su rodilla y emitía sonidos incomprensibles. Era un hombre, o lo que quedaba. El tronco se apoyaba en una plancha de madera, desplazado sobre pequeñas ruedas gracias al impulso con las manos. Una capa compacta de costras y andrajos incoloros cubrían el cuerpo, a duras penas se distinguían ojos, boca, algunos dedos. Philip sintió el instinto de apartar el horror, pero permaneció inmóvil, capturado por la magnitud de tanta fealdad. «Es nuestra prueba terrenal». El ser apestaba y hablaba, decía algo, un sonsonete incomprensible, excepto dos palabras, «señor» y «excelencia». Entre sus dedos retorcidos asomaba un platillo de lata. El ser pedía limosna. Manituana es el primer capítulo de un prometido "tríptico atlántico" que tiene lugar durante el período de la Guerra de Independencia. Se esperan otros tomos desarrollados a ambos lados del Atlántico, así como la acción de Manituana viaja de Nueva York a Canadá, luego a Londres y nuevamente de regreso. Abordar esta novela es una aguda evaluación tanto de los orígenes y como de la probidad de la Guerra de Independencia; incluso un oscuro grupo de comerciantes de Londres que abogan por el libre comercio tiene su voz. Hay también una provocativa serie de preguntas sobre lo que constituye una masacre, si dicho acto horrendo alguna vez pudiera justificarse con la defensa de las personas o la propia tierra natal. Al fin y al cabo, Joseph Brant a menudo era llamado "Monstruo Brant", pero el libro de Wu Ming explora con delicadeza las difíciles elecciones que Brant tuvo que enfrentar, especialmente cuando las milicias rebeldes y el ejército de George Washington se lanzaron contra la Casa Larga, la amplia región que la Confederación iroquesa llamó hogar durante siglos. En el comienzo de un capítulo los autores utilizan una orden de general Washington al general John Sullivan que indica la "destrucción total de sus asentamientos " en el "territorio indio" y que "no prestará oído a ninguna propuesta de pacificación hasta la devastación total de todos los asentamientos". La orden es, por supuesto, auténtica, la consigna que dio inicio a la expedición de Sullivan, que destruyó decenas de las aldeas iroqueses y envió multitudes de refugiados muertos de hambre a Fuerte Niagara. Ese fue el fin de la Confederación. Wu Ming ha admitido que esta novela, escrita entre 2003 y 2007, en parte está inspirada por las acciones de la administración Bush durante ese mismo período. (Los partidarios del comercio libre antes citados pueden verse como equivalentes de los capitalistas multinacionales del siglo XXI, aquellos que, llegado el caso, utilizan la guerra para abrir mercados proteccionistas). Pero independientemente de sus ecos contemporáneos -que se encuentran en comentarios como "pronunciarse sobre todo, y en especial sobre lo que no se conoce, es una de las enfermedades de nuestro tiempo" y "no había lugar para el pasado en América"- Manituana se vale por sí misma en esta lucha con un período difícil que con demasiada frecuencia se ve reducida a miopes narraciones patrióticas o eslóganes respecto a la tributación. Cuando se describen unos espectaculares fuegos artificiales realizados en la finca del conde de Warwick, llevados a cabo por un grupo de artistas italianos, el narrador bromea al decir que "los italianos forjaban su propia gloria embelleciendo ideas nacidas en otros sitios, añadiendo un toque extravagante y bufonesco". Es una frase autorreferente, incluso hasta modesta, pero que encubre el esplendor de esta novela. Tal vez los cuatro hombres que forman Wu Ming hayan construido su gloria sobre las ideas de otros, para la ocasión con una novela extravagante, pero ellos han hecho propias estas ideas infundiéndoles una sublimidad que conmemora poderosamente una civilización devastada, y que también nos desafía a repensar el relato histórico que a menudo consideramos claro como el agua. 05.10.09 · en recensioni |