Yo estoy con los indios - por Roberto Saviano

El autor de Gomorra medita sobre Manituana Artículo publicado en "L'Espresso", nº 16, año LIII, 26 de abril de 2007
Un exterminio realizado en nombre del progreso. Por parte de la que se convertiría en la democracia más importante de la Historia. Saviano analiza el bestseller Manituana

Manituana, ha crecido lentamente, como la masa en cajones de madera. Manituana (Einaudi) es una novela que ondea sobre el mundo, como si fuera un plataforma de historias formada con el material de la Historia. La palabra Historia se tiene que escribir con mayúscula. Lo que los Wu Ming llevan adelante desde hace años como proyecto es la nueva posibilidad de conjugar diversos lenguajes, insólitas sintaxis, [destrezas] comunicativas inexploradas. Una línea que carece del elitarismo de la vanguardia: tal como lo habían hecho con su precedente novela '54', los Wu Ming logran construir historias articuladas dentro de las fibras musculares de la historia. Y las alternativas al curso de la Historia no son juegos ingenuos o fútiles, sino hipótesis que podrían haber sido realidad. Lo que no ha sido podría ser. Lo que no ha sido porque no fue. Y lo que ha sido porque fue.
Indagar cuántos mundos habrían podido nacer, desmontar el monolito de la Historia, para recabar las Historias, no relatos o anécdotas, ni recursos de escritores para acompañar a su propia fantasía, sino trayectorias abandonadas, ignoradas y deformadas que mediante el relato son rescatadas y vueltas a colocar en el cauce de la Historia. Poner el tiempo de la Historia al condicional significa no padecerla. Ser capaces de determinarla al menos en el tiempo de reflexión. Como si fuera un ensueño o un estudio sobre los infinitos mundos posibles para decirlo como Giordano Bruno; infinitos mundos posibles de los cuales los Wu Ming son geógrafos y exploradores al mismo tiempo. No inventan nuevos destinos, sino que descubren senderos trazados en el pasado que no han sido explorados o quizás agotados.
Así se pone en marcha el largo viaje espacio-temporal de 'Manituana', transportando al lector por las sendas y poblados de la gran nación iroquesa, en vísperas de esa guerra de independencia americana que ha decretado el nacimiento de una nueva potencia y la definitiva liberación de los 'rebeldes' del imperio colonial del rey Jorge III de Inglaterra. Partieron del clásico "y si..." , preguntándose sobre lo habría pasado si los lealistas hubieran derrotado a las tropas de colonos guiadas por George Washington. Tal vez hubiera sido como en Canadá, donde las poblaciones autóctonas han tenido muchas dificultades bajo la corona británica, pero no fueron objeto de operaciones de exterminio como en cambio ocurrió en los Estados Unidos.
Pero Manituana no es, de ninguna manera, un libro sobre la historia de los 'Native Americans', no es el enésimo texto sobre los pieles rojas. Y es éste quizás el secreto de su urgencia, del boca a boca que ha hecho que el libro vaya de mano en mano. Es un relato de una nueva dimensión, ojos nuevos para un momento fundamental de la Historia, donde surgiría lo que habría de determinar la suerte del mundo en los siglos sucesivos. Una narración sobre la gestación del mundo moderno, la preñez de la Historia que ha parido el mundo que hoy tenemos. Pero que podría haber engendrado otro. Ese otro ahogado y abortado, al que es posible rastrear en lo que ha sido. Manituana no es vaqueros contra pieles rojas, ni malvados indios arranca-cabelleras contra buenos colonizadores porta-civilización. Tampoco es buenos indios contra malvados americanos. Las atrocidades se producen en ambos frentes. Durante muchas páginas 'Manituana' es el encuentro de los mundos, y quiere ser un sismógrafo de las cinéticas y de los conflictos, de la fusión bastarda y mestiza que ha dado origen el choque de culturas diversas. En el valle del río Mohawk existe un mundo mestizo. Es una gran comunidad de indios, irlandeses y escoceses, fundada por Sir William Johnson, Superintendente de Asuntos Indígenas nombrado por el rey Jorge. El estrépito de la guerra llega desde Boston y se hace más cercano, viejos vínculos se rompen, la tierra que Sir William llamaba "Iroquirlanda" se convierte en escenario de odio y rencores.

Y así Manituana, repentinamente, mientras ronda historias que de algún modo ya conoces, entre naciones indias, alianzas inglesas y batallas que ya has oído declamar y recitar en los ensayos de historia americana: desconcierta, proyecta, reescribe. No hay nada del imaginario conocido. De alguna forma, la sensación que deja la nueva novela de los Wu Ming es que parece un diálogo sibilino con la Dialéctica de la Ilustración de Adorno y Horkheimer.
Y es con este libro que se tiene que confrontar más que con 'El último Mohicano' de Cooper. El corazón palpitante de lo que ha arrastrado a Europa a la Shoah está en la historia de la razón ilustrada. Y del mismo modo los Wu Ming, siguiendo la pista, llegan a demostrar que precisamente los padres de la democracia americana fueron los fundadores de la masacre, los que instauraron las premisas (y no sólo eso) para no admitir en su seno las fuerzas que emanaban del acuerdo entre indígenas, no aceptando el origen de los Estados Unidos de América en el mestizo, sino llevando a cabo una idea de cultura y civilización que parecía un modelo capaz de legitimar a las nuevas aristocracias coloniales frente a las aristocracias inglesa y francesa del Viejo Continente. En 'Manituana' los continentales encabezados por George Washington ponían 'Civilización o muerte' en las banderas, acarreando una idea ilustrada de libertad que ensombreció toda América, que eclipsó mundos, impidió alianzas, echó las bases para el exterminio.

Del lado equivocado de la historia, como declara el proyecto de los Wu Ming, el lema misterioso, el trailer del libro. Lado equivocado porque no ha sido realidad, pero lado equivocado también porque apenas se relata, considerado como retrógrado, decadente y perdedor. Y así ha sido para los enemigos de los 'revolucionarios' de Washington que, por el contrario, tenían un modelo de civilización diferente al exterminio. No obstante lo que no ha sido realidad siempre consigue colarse en lo real, la idea federalista de Benjamin Franklin, aquello por lo que aún hoy es venerado como un gran estadista político, ha sido tomada directamente de las Seis Naciones iroquesas.

Manituana es una historia de resistencia, y los Wu Ming vuelven a sumergirse en la epopeya, utilizando llanamente la partitura musical empleada en Q. Y es épica y cautivante la narración del jefe Joseph Brant, el indio mohawk más odiado, que no quería la guerra pero se torna cruel luchando contra el alemán-americano Jonas Klug. También Philip Lacroix, "Le Grand Diable", guerrero invencible que, en los bosques del norte, era capaz de mirar a los ojos a la muerte. Manituana además es una historia de mujeres capaces de recoger en sueños los avances de los avatares del destino. Una especie de talento femenino que parece ser la vía recomendada por los autores para salir del berenjenal de la reiteración histórica, de la repetición idéntica de la tragedia de la Historia. La imaginación es el antídoto. La imaginación de las mujeres como método para descubrir vías de fuga. Soluciones para cuadrar el círculo del acontecer humano. Molly Brant, la esposa india de Sir Johnson, percibe el comienzo y el final de cada acontecimiento y es el personaje que es capaz de ver inmediatamente el lugar de destino final.

La habilidad de los Wu Ming reside en una escritura en grado de capturar jergas, deformaciones lingüísticas y facultad de descripción. La escritura nunca es plana. Hay que estar entrenados para una maratón para poder apreciar las más de 600 páginas de 'Manituana', pero el aliento llega leyendo un recorrido que parece en espiral, una vez que se ha entrado, si se decide entrar, difícilmente se pueda salir. No hay un comienzo, no hay un final. Manituana continúa en el sitio web (http://www.manituana.com). Una decisión plenamente coherente con el proyecto del libro. El sitio es lo no-definido, lo posible, lo que se construye progresivamente. La posibilidad de poder visitar las rutas de 'Manituana' mediante Google Earth añade la experiencia concreta de imaginación al libro, una especie de materialismo de la fantasía, una potencia, la de poner todos los recursos al servicio de la novela que hará fruncir el ceño a muchos puristas de la página. Pero la osadía de los Wu Ming, de esta confederación de escritores boloñeses y napolitanos que habla de América para escribir sobre lo que difícilmente podría ser afrontado por escritores italianos, es lo que hace que el proyecto 'Manituana' sea valiente. Tal vez la belleza de esta novela resida en la habilidad para crear una brújula invertida en el sueño de relatar al gran país que hubiera podido vivir en paz. Un momento antes del exterminio de las naciones indias.
(24 de abril de 2007)




20.04.07 · en recensioni

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